Conecto tu web, tu CRM y tu WhatsApp con agentes y automatizaciones que responden, cualifican y registran solos. Con reglas que tú controlas y un humano decidiendo lo que importa.

Copiar los datos de un formulario al CRM. Contestar por vigésima vez el mismo precio por WhatsApp. Pasar un albarán a una hoja de cálculo. Recordar a mano quién pidió presupuesto hace diez días y no ha contestado. Cada una de esas tareas cuesta pocos minutos, y por eso nadie las cuenta. Sumadas, se llevan tardes enteras todas las semanas.
La IA no va a dirigir tu empresa ni va a sustituir a tu equipo. Lo que sí hace, y bien, es encargarse de ese trabajo mecánico que hoy hace una persona cara copiando datos de una pestaña a otra. La decisión sigue siendo humana. Lo que se automatiza es todo lo que hay antes y después de la decisión.
Y esto lo digo también al revés: hay procesos que no conviene automatizar. Si algo pasa tres veces al año o cambia cada mes, montar una automatización cuesta más de lo que ahorra. Parte de mi trabajo es decirte cuáles son.
Estos son casos concretos, no promesas. Todos parten de herramientas que probablemente ya pagas.
El formulario de la web entra en el CRM, te avisa por donde tú quieras y arranca el seguimiento solo. Ningún contacto se queda en un correo sin leer.
Respuestas automáticas para las preguntas de siempre, cualificación básica antes de que llegues tú y registro de cada conversación donde puedas consultarla después.
Generación automática a partir de los datos que ya tienes, con tu plantilla y tus condiciones. Se acabó rellenar el mismo Word veinte veces al mes.
Recordatorios automáticos de presupuestos sin respuesta, avisos de renovación y secuencias de correo que se paran solas en cuanto la persona contesta.
Un asistente que responde sobre tus productos, tus precios y tus condiciones porque se ha entrenado con tu documentación, no con lo que se ha encontrado por internet.
Web, CRM, facturación, hojas de cálculo y correo conectados entre sí. El dato se introduce una vez y aparece donde tiene que aparecer.
Antes de automatizar nada, ponemos números: cuántas veces al mes pasa, cuántos minutos se va cada vez y quién lo hace. Si el ahorro no compensa el coste de montarlo, se descarta y se busca otra cosa. Esa cuenta la ves tú.
Se monta el proceso con más retorno y se deja funcionando un mes. Ni diez automatizaciones a la vez ni una reforma del negocio entero. Si el primero no aporta lo prometido, paramos y no seguimos gastando.
Cada automatización queda escrita: qué la dispara, qué hace, dónde se ve si ha fallado y cómo se apaga. En tus cuentas y con tus accesos. Si un día dejamos de trabajar juntos, todo sigue funcionando sin mí.
Automatizar no es despedir. Es dejar de copiar datos a mano.
No necesariamente. Si no tienes ninguno, montamos algo sencillo que encaje con cómo trabajas ahora, muchas veces sobre herramientas que ya pagas. Meter un CRM caro para automatizar dos procesos suele ser peor negocio que empezar por lo pequeño y crecer después.
No es lo que hago ni lo que vendo. Lo que se automatiza es el trabajo mecánico: copiar datos, avisar, recordar, registrar. La parte que requiere criterio sigue siendo de una persona. En la práctica, tu equipo deja de perder la tarde en tareas administrativas y la dedica a lo que sí aporta.
Todo se monta en tus cuentas y con tus accesos. Antes de empezar definimos por escrito qué información sale hacia servicios de terceros y cuál no, para que sea compatible con el RGPD. Si un proceso obliga a enviar datos personales a un proveedor externo, te lo digo antes de montarlo, no después.
Depende de las herramientas que use cada automatización. Ese coste se calcula antes de montar nada y aparece en el presupuesto junto al ahorro estimado. Si las cuentas no salen a favor, te lo digo y no lo montamos.
Por eso los agentes se montan con límites claros: responden solo sobre lo que se les ha dado y, cuando la conversación se sale de ahí, la pasan a una persona en lugar de improvisar. Además queda registro de cada conversación para que puedas revisarlas.
Cuéntame qué te está frenando y te contesto yo, no un comercial. Si veo que no puedo ayudarte, te lo digo y te ahorro la reunión.
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